Es un tema delicado. Y precisamente por eso creo que merece la pena hablar de él.
Durante muchos años, la moda ha estado asociada a cuerpos extremadamente delgados. Hoy, afortunadamente, vemos mucha más diversidad: diferentes tallas, edades, alturas y tipos de cuerpo. Me parece una evolución positiva. Las mujeres somos diferentes y la moda existe para mujeres reales.
Pero también creo que hay algo que a veces cuesta decir: una marca tiene una identidad visual y tiene derecho a elegir cómo quiere presentar sus diseños.
Cuando diseño un bañador o un bikini, pienso en proporciones, líneas, cortes, escotes, alturas de pierna y en cómo cada elemento interactúa con el cuerpo. Por eso, cuando tengo que mostrar una colección, busco un tipo de cuerpo que permita apreciar bien esas líneas.
Personalmente, me gustan los cuerpos cuidados, proporcionados y con un aspecto saludable. Y eso no significa necesariamente ser delgada.
Una mujer puede tener curvas y estar en forma. Puede llevar una talla M, L o XL y tener un cuerpo fuerte y precioso. Del mismo modo, ser muy delgada tampoco significa automáticamente estar sana.
Creo que aquí está una diferencia importante que a veces olvidamos: una cosa es la talla y otra, la salud.
Defender la diversidad corporal no debería signific que tengamos que presentar cualquier condición física como un ideal de salud. El sobrepeso y la obesidad son cuestiones de salud reconocidas médicamente, igual que también existen problemas asociados a un peso excesivamente bajo. Hablar de ello no debería servir para juzgar a nadie ni para decidir qué cuerpo merece llevar determinada prenda.
Porque una mujer no tiene que tener un cuerpo perfecto para ponerse un bikini.
Ni para sentirse atractiva.
Ni para disfrutar de la playa.
Ni para vestir aquello que le gusta.
Como diseñadora, sin embargo, cuando creo una campaña estoy construyendo una imagen. Elijo una modelo igual que elijo una localización, una luz, un maquillaje o una determinada fotografía. Todo forma parte del lenguaje visual de la marca.
Y creo que las marcas deberían poder hacerlo sin que cada elección se interprete necesariamente como una declaración sobre qué cuerpos son válidos y cuáles no.
En mi caso, no busco la extrema delgadez. Me interesa una imagen femenina, natural, cuidada y fuerte. Un cuerpo que acompañe a la prenda sin convertirse en el protagonista absoluto de la fotografía.
Porque al final mi trabajo no consiste en decidir cómo debería ser el cuerpo de una mujer.
Mi trabajo consiste en diseñar para él.
Y quizá el verdadero avance no sea sustituir un único ideal de belleza por otro, sino llegar a un punto en el que podamos cuidar nuestra salud, aceptar que los cuerpos son diferentes y, al mismo tiempo, permitir que cada mujer y cada marca tengan su propia visión de la belleza.

